jueves, 18 de noviembre de 2010

Eutanasia

Que triste es ver tan de cerca la vida irse de a pocos, que duro es pensar lo inhumana que es la humanidad, ojos de pena es todo lo que tiene la gente para mí?, ¿por qué? ¿solo por qué no sé hablar? ya no ladro, ni muevo la cola, la fuerza no me da, no me alcanza, de rato en rato abro los ojos para ver si hay alguien cerca, por favor mi último día, déjenme quedarme acá. Vi a alguien poner un periódico a mi lado, no imagino que querría hacer, trató de ponerme algo encima pero me dio miedo y huí lo mas rápido que pude, luego me llamó como nunca nadie lo hizo pero no entendí y seguí caminando hasta donde mis patas aguantaron y me tumbé en un pedazo de jardín donde una pared me protegía del viento. Así es, soy un perro callejero, no tengo nombre, comí toda mi vida de la basura, de pequeño solía seguir a la gente que parecían ser buenos... Toda mi vida tuve la ilusión de un hogar y mi vida hoy termina tan solo con la esperanza de que no me boten de aquí, tal vez alguien me acaricie hoy, quizá entre a alguna casa por primera vez, sueños de perro callejero. Pase mi vida escapando, huyendo pero ya no planeo correr de la muerte, en este instante reuso a luchar, me rindo al frío y tal vez me queden un par de minutos para respirar, tiemblo y me llevo con calma los recuerdos de hoy a dormir, ya no tengo sed alguien me dio un poco de agua y aunque no pude pararme a tomarla me calmo, que hermoso irme después de hoy que alguien se apiadó de mi, después de conocer humanos que parecen sentir.
Se acercan a mí, mis patas ya no responden, sólo los miro, acarician mi pelo, ya no tengo miedo, siento un pequeño hincón y a mi lado empieza a llover, miro a los ojos de esa niña, se le ve triste, le agradezco el que se haya sentado a mi lado moviendo la cola, tan solo cerraré los ojos un ratito, tengo sueño; ya estoy muy cansado.

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